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Invirtiendo en el futuro

  • Publicado el 02 de Noviembre de 2026

Las inversiones anunciadas durante los últimos meses por algunas de las mayores empresas gráficas del mundo permiten hacerse una idea bastante clara de hacia dónde se dirige el sector. Millones de euros destinados a nuevas máquinas, automatización, impresión digital, robótica, software y ampliaciones de fábricas. Pero, más allá de las cifras y de los equipos adquiridos, hay algo que merece especial atención: las grandes imprentas están cambiando su manera de producir y de entender el negocio. Y convendría que las empresas españolas tomaran buena nota de ello.

Uno de los ejemplos más significativos es el de la multinacional estadounidense R.R. Donnelley (RRD), que ha anunciado un acuerdo para incorporar quince nuevas prensas digitales HP a sus centros de producción hasta 2029. Sin embargo, lo más interesante no es el número de equipos, sino lo que hay detrás de esta inversión. La compañía está desarrollando un modelo de fabricación conectado, en el que la inteligencia artificial, la automatización y el análisis de datos permiten planificar los trabajos, anticipar problemas técnicos y distribuir la producción entre distintas instalaciones. En definitiva, no se trata únicamente de imprimir más rápido, sino de conseguir que toda la organización funcione mejor.

Algo parecido sucede con Cimpress, el grupo propietario de empresas como Vistaprint, Pixartprinting o Exaprint. Durante su ejercicio fiscal 2026 destinó más de cien millones de dólares a inversiones de capital, principalmente relacionadas con equipos de fabricación, automatización y ampliación de su capacidad productiva en Norteamérica. A ello se suman importantes inversiones en desarrollo tecnológico y software. Estas cifras dejan entrever hasta qué punto la competitividad de las grandes imprentas online depende de procesos industriales capaces de gestionar miles de pedidos diferentes con la menor intervención manual posible.

También resulta revelador lo que está ocurriendo con el offset. Durante años se ha hablado de su progresiva sustitución por la impresión digital, pero las inversiones recientes demuestran que la realidad es bastante más compleja. El grupo británico Bluetree, a través de Route 1 Print, está desarrollando un programa de inversión de doce millones de libras que incluye dos nuevas Heidelberg Speedmaster XL 106 altamente automatizadas. En China, Grandprint ha adquirido otras seis máquinas offset después de realizar importantes inversiones en impresión digital e híbrida. Lejos de abandonar una tecnología para adoptar otra, estas empresas buscan aprovechar las ventajas de cada sistema según las características de los trabajos.

Esta estrategia debería hacernos reflexionar. En muchas imprentas españolas, la decisión de adquirir una nueva máquina continúa estando condicionada por la necesidad de sustituir un equipo antiguo, aumentar la capacidad o responder a una demanda concreta. Son razones perfectamente comprensibles, pero quizá insuficientes en un mercado que está cambiando con tanta rapidez. Antes de invertir, convendría preguntarse qué trabajos serán rentables dentro de cinco años, qué necesidades tendrán los clientes y, sobre todo, qué procesos están impidiendo hoy que la empresa gane más dinero.

Porque uno de los grandes problemas del sector no siempre está en la velocidad de impresión. Una máquina puede producir miles de pliegos por hora y, sin embargo, permanecer demasiado tiempo parada esperando materiales, instrucciones, planchas o la finalización de otro trabajo. Los cambios de pedido, las comprobaciones, los errores de comunicación entre departamentos y los cuellos de botella en los acabados pueden consumir buena parte de los beneficios. De poco sirve incorporar una prensa extraordinariamente productiva si el resto de la fábrica continúa funcionando como hace veinte años.

Por eso, probablemente una de las tendencias más importantes que muestran estas inversiones internacionales sea la automatización del conjunto del proceso productivo. Ya no basta con disponer de máquinas modernas. Es necesario conectar presupuestos, pedidos, preimpresión, producción, acabados, almacén y expediciones. Conseguir que la información circule sin tener que introducirla repetidamente y que cada departamento conozca en tiempo real lo que sucede en el resto de la empresa. Puede parecer una transformación reservada a las grandes organizaciones, pero sus ventajas son igualmente importantes para las pequeñas y medianas imprentas.

Otra dirección clara de las inversiones es la búsqueda de mercados con mayor valor añadido. El packaging, las etiquetas y los envases flexibles están concentrando buena parte de los nuevos proyectos industriales. Empresas como ePac están ampliando sus capacidades mediante tecnologías inkjet preparadas para atender mayores volúmenes de producción, mientras grupos como Amcor y Smurfit Westrock continúan invirtiendo en nuevas líneas, modernización y soluciones de envasado más sostenibles. El objetivo no es únicamente aumentar las ventas, sino responder a clientes que demandan tiradas más flexibles, personalización, trazabilidad, plazos más cortos y materiales adaptados a nuevas exigencias ambientales.

Naturalmente, no todas las imprentas españolas pueden plantearse inversiones millonarias ni diversificar su actividad hacia cualquier mercado. Tampoco tendría sentido hacerlo. Nuestro sector está formado mayoritariamente por pequeñas y medianas empresas, muchas de ellas especializadas y con recursos limitados. Pero precisamente por eso resulta fundamental elegir bien dónde invertir. Para algunas, la prioridad será automatizar los acabados; para otras, incorporar un sistema de gestión que permita conocer el coste real de cada pedido, renovar una línea de impresión, mejorar la eficiencia energética o formar a sus trabajadores en nuevas tecnologías. La inversión adecuada no tiene por qué ser la más espectacular, sino aquella que resuelva un problema concreto y mejore la rentabilidad.

Además, existe una cuestión que cada vez pesa más en las decisiones empresariales: la falta de profesionales cualificados. La automatización no eliminará la necesidad de contar con buenos trabajadores, pero sí puede reducir tareas repetitivas, facilitar el aprendizaje y permitir que el personal dedique más tiempo a actividades de mayor valor. En un sector donde encontrar determinados perfiles técnicos resulta cada vez más complicado, esta ventaja puede acabar siendo tan importante como el ahorro de costes.

Lo que están haciendo las grandes imprentas internacionales debería servirnos, por tanto, como referencia, aunque no necesariamente como modelo que deba copiarse. Sus inversiones muestran que el futuro pasa por empresas más flexibles, conectadas y capaces de controlar mejor sus procesos. Y también que crecer en facturación no garantiza mejorar los resultados. Quizá haya llegado el momento de dejar de medir la fortaleza de una imprenta por el número de máquinas que tiene o por los millones de impresiones que produce y empezar a valorarla por su capacidad para trabajar de forma eficiente y rentable.

La cuestión no es si las imprentas españolas deben invertir. Muchas llevan años haciéndolo, incluso en circunstancias económicas difíciles. La verdadera pregunta es si están destinando sus recursos a aquello que realmente las hará más competitivas. Porque, mientras unas empresas siguen preocupadas por conseguir más volumen de trabajo, otras ya están preparando sus fábricas para ganar más dinero con cada pedido. Y esa diferencia puede acabar determinando quiénes estarán mejor posicionados en los próximos años.

Rosa Arza

Editora Prosign
rosa.arza@prosignhoy.com

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